INSÓLITO RECLAMO EN LAS CÁRCELES: "Nos salen alitas de tanto comer pollo", la queja de las presas que indigna a toda la Argentina.

Che, esto no lo vio venir nadie. O bueno, en realidad, en el "mundo del reventado" en el que vivimos, ya nada nos debería sorprender. Resulta que ahora, mientras medio país se salta comidas para llegar a pagar el alquiler, en la Unidad Penal 47 de la Provincia de Buenos Aires hay un "bolonqui" nuevo: las internas se cansaron del menú.

"¿Qué se piensan que somos?", gritan a cámara mientras sostienen un celular (que, dicho sea de paso, no sabemos qué hace ahí). Agarren los mates y pónganse cómodos, porque lo que van a leer es para prenderse fuego. No es una joda de Capusotto, es la realidad de las cárceles bonaerenses que hoy nos cachetea la cara a todos los que pagamos los impuestos.

Reclamo en las cárceles

El origen del conflicto El conflicto estalló cuando se viralizó un video grabado desde adentro de la Unidad 47 de San Martín. En las imágenes, que corrieron como reguero de pólvora por TikTok y WhatsApp, se ve a un grupo de internas quejándose de forma vehemente por la falta de variedad en la dieta diaria. Según se escucha en el audio original, las mujeres aseguran que "todos los días es pollo, pollo y más pollo".

Lo que las cámaras no mostraron es el trasfondo de este reclamo que roza lo bizarro. Mientras una de las internas muestra a su compañera diciendo que "le están por salir alitas", el panel de periodistas de A24 no pudo contener la bronca. Y no es para menos. Según fuentes cercanas al Servicio Penitenciario, el menú es estandarizado y busca cumplir con las proteínas básicas, pero parece que el paladar de las detenidas se volvió exigente.

El debate que se abrió es profundo y toca el nervio de la meritocracia y la justicia en Argentina. ¿Cómo puede ser que una persona que rompió la ley tenga el tupé de exigir un menú a la carta? "Probaste no robando", tiró uno de los conductores en el piso, resumiendo el sentir de millones de argentinos que ven cómo la vara de los derechos siempre parece estar más alta para el delincuente que para el ciudadano de a pie.

Además, el video pone de relieve otra falla sistémica: el acceso irrestricto a redes sociales dentro de los penales. Mientras se quejan del pollo, las internas filman, editan y suben contenido, demostrando que la "pena" de estar aisladas es bastante relativa. La indignación crece cuando se compara esta situación con la de miles de jubilados que no pueden comprar ni un muslo de pollo por semana debido a la inflación galopante.

El video no pasó desapercibido y las redes sociales se transformaron en un campo de batalla de comentarios. Acá recopilamos lo más picante del "clima social":

  • Las internas en el video: "Nunca pensé que me iba a pasar esto, comer pollo todos los días. ¿Qué se piensan? Podrían darnos arroz, polenta, fideos con carne... no puede ser esto".

  • Horacio Cabak (Periodista): "Es el mundo del reventado. Nosotros les pagamos la casa gratis, la ropa gratis y la comida gratis con nuestros impuestos, y encima se quejan".

  • Reacciones en X (ex Twitter): "A mí me encantaría comer pollo todos los días y no me alcanza. ¡Vayan a laburar!", escribió un usuario con más de 5000 likes.

  • El debate por el trabajo: Muchos usuarios coincidieron en que los presos deberían trabajar dentro de las cárceles para costearse su propio alimento. "Si quieren lomo, que lo paguen laburando adentro, como hacemos nosotros afuera", fue la frase que más resonó en las historias de Instagram durante las últimas horas.

Este "Pollo-Gate" deja una pregunta picando en el aire: ¿En qué momento perdimos el norte como sociedad para que el victimario se sienta con el derecho de exigir lujos mientras las víctimas no llegan a fin de mes?

Vidéo gentileza A24com:



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