REBELIÓN EN ROSARIO: "Ya no tenemos miedo", el grito de la policía que sacude al país.

Lo que arrancó como una protesta por mejores condiciones en Rosario terminó en un caos total con los jefes de la fuerza siendo atacados por sus propios subalternos. La calle está que arde y el clima en la Jefatura es de una tensión que corta el aire.

Policía de Rosario
Si pensabas que el conflicto se estaba destrabando, te cuento que la cosa viene para largo. La comunidad rosarina está en el medio de una pelea que ya dejó de ser solo por el sueldo y pasó a ser una cuestión de dignidad y bronca acumulada. "Estamos regalados", tiró un oficial, y esa frase resume el sentimiento de cientos de efectivos que hoy están en la calle.

Para entender este quilombo hay que mirar más allá de lo que se ve en la superficie. Según fuentes cercanas y lo que pudimos reconstruir de los testimonios directos desde el lugar de los hechos, el detonante final fue la decisión del Gobierno de pasar a disponibilidad a 20 policías que participaron de las primeras protestas. Esto, lejos de calmar las aguas, funcionó como un bidón de nafta tirado al fuego.

Lo que las cámaras no mostraron en un principio fue la brutalidad del encuentro entre el Jefe de la Policía de Santa Fe, Luis Maldonado, y los efectivos que reclaman debajo de la estación de servicio. En un momento de locura total, el jefe terminó siendo escupido y agredido. Pero ojo, que esto tiene un trasfondo: se habla de un incidente previo donde una mujer, familiar de un policía, habría sido empujada y rociada con gas pimienta por el propio jefe. Ese sería el "error grave" que los oficiales de jerarquía le cuestionan a Maldonado. La confianza se rompió y, como dicen en la calle, el respeto no se compra, se gana.

El reclamo de fondo es claro pero difícil de resolver: quieren que el sueldo básico llegue a cubrir la canasta básica en Santa Fe, que hoy pisa el $1.900.000, y no se conforman con promesas de palabra. "Las palabras se las lleva el viento, acá queremos el papel firmado", aseguran los delegados que no se mueven de la puerta de la Jefatura. Mientras tanto, Rosario vive horas de incertidumbre total. Los patrulleros no están saliendo como deberían y el vecino de a pie siente que quedó en el medio de una guerra de poder.

Un oficial con 19 años de servicio, que dio la cara sin vueltas, confesó que ya perdió casa y auto por su trabajo, y que después de haber matado delincuentes en tiroteos, que lo echen es lo que menos le preocupa. Ese nivel de hartazgo es el que hoy maneja la operatividad de la seguridad en la ciudad. El Gobierno ofrece levantar las disponibilidades, pero la justicia penal sigue su curso y los policías saben que, sin el cierre de las causas, sus carreras están terminadas de todas formas.

¿Qué dijeron los protagonistas? La abogada de los policías, Nair Moreno, fue tajante: "La situación de disponibilidad se puede revertir, pero el sumario administrativo y la causa penal continúan. Eso les impide ascender y los deja al borde de la exageración". Para la defensa, no hay arreglo posible si no se garantiza que estos 20 efectivos no sufrirán represalias legales.

Por otro lado, el testimonio que dejó a todos con la piel de gallina fue el del Jefe de Comando: "Se me murió un compañero en las manos... ¿qué más puedo perder? Ya no tenemos miedo". Esta frase voló por las redes sociales y generó un debate nacional sobre el estado de nuestras fuerzas de seguridad.

Desde el Gobierno, las "altas fuentes oficiales" aseguran que la operatividad está garantizada, pero los sirenazos y el fuego en las esquinas de Rosario cuentan una historia muy distinta. La interna policial está al rojo vivo y, por ahora, el final de esta película es abierto y bastante oscuro.

Vidéo gentileza Todo Noticias: 



 

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